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Los seres humanos nos diferenciamos de los animales, por nuestra capacidad de crear. Somos creadores por naturaleza y esa capacidad es la "imagen y semejanza" que nos víncula con Dios. Hay muchas formas de crear, unos componen música, otros dibujan y otros más escribimos cuentos. Cada personaje de un cuento, es como un hijo parido en el altar de la técnica, lo dibujamos y en éste dibujo, le asignasmos rasgos físicos y sicológicos, les damos una edad, una forma de caminar y unas características especiales en su forma de hablar. Es, un poco, la misma labor que realiza Dios, porque cada personaje es como un sueño que el Creador sueña, para por medio de éste darles vida.

lunes, 7 de marzo de 2016

Una canita al aire



UNA CANITA AL AIRE

Por: JOSE TIBERIO SERRANO ARIAS

TISA

Juan Esteban llegó a la casa que había encontrado por los avisos clasificados del periódico, una vez tuvo conciencia que tendría que buscar dónde vivir, después de haber disfrutado las mieles del éxito durante una década de su vida; aunque no dejaba de rondar por su cabeza la noticia de primera página, en la cual el principal diario del país daba cuenta de la condena a 33 años de cárcel, que la justicia le había endilgado al ex coronel de la policía Joaquín Aldana, por haber asesinado y desmembrado el cuerpo de su esposa Erika Yeneris.

Su vehículo era una moto Auteco Boxer, modelo 2003 y en vez de pasajero, llevaba amarradas al sillín del copiloto tres maletas, las cuales era lo único que le quedaba de un pasado ostentoso, de un matrimonio como según él lo manifestaba, con la más hermosa mujer sobre la faz de la tierra y de dos niños que hasta hace poco tiempo, eran los seres que más lo habían hecho sentir el verdadero amor.

Cuando llegó a la casa, el letrero que adornaba una ventana que sobresalía con una ornamentación pintada color café, por encima de la pared azul claro y con terminado rústico, lo recibió con una cachetada, la cual si bien no dejó marcas visibles en su cara, si dejó unas huellas color rojo brillante en su alma, en las cuales se podía leer como a trasluz, las letras que a guisa de dedos, lo golpearon con la misma fuerza, con la que una tractomula puede atropellar a un transeúnte  despistado que se le atraviesa en su camino, por una vía rápida de tránsito nacional: “Se arrienda habitación para persona sola”.

Aún antes de apearse de su moto, Juan Esteban sintió que se le aflojaba el estómago, cómo si del golpe recibido, le hubieran desatornillado los pernos, con los que se sujeta la parte baja del abdomen, por lo cual y ante la repentina levedad percibida en el bajo vientre, experimentó un temblor en las piernas y tuvo que hacer un gran esfuerzo, para sostener el peso de la moto, las maletas y su propio cuerpo.

Tuvo un leve deseo de irse de allí, pero le había costado tanto encontrar una habitación en un lugar poco más o menos decente y acorde con sus exiguos recursos, que a pesar del malestar físico sufrido por la lectura del letrero, desamarró las maletas y no con la decisión que hubiera deseado tener (que era con la que había arrancado la búsqueda de por la mañana), tocó el timbre y esperó a que le abrieran.

Una vez concluido el correspondiente interrogatorio, como consecuencia de la necesidad de verificación de los papeles para poder finiquitar el contrato, la dueña de casa en una actitud amable, lo acompañó hasta la habitación y le mostró el baño, el cual tenía que compartir con otros tres inquilinos, le dictó con un rigor casi militar, las normas de la casa: la hora de llegada, la hora de salida, el consumo de luz, el volumen del televisor, la escucha de música, la precaución de dejar siempre la puerta cerrada con llave y falleba al momento de salir o entrar y la prohibición de cocinar en la pieza y por último, lo dejó solo para que se acomodara.

Esteban, no quería que la señora se fuera, no quería encontrarse con la realidad que a gritos mudos le había enrostrado el letrero, no quería, por primera vez en su vida, tener sobre su cuerpo, alma y espíritu, el peso inaguantable de la vida, cuando no se tiene con quién compartir.

Por eso una vez más, entre dientes, maldijo a Angélica.

Se acordó del día en que la conoció, cuando por casualidad entró a la oficina de atención a la comunidad y allí estaba ella, con sus ojos color verde y una actitud amable –al fin y al cabo para eso le pagaban- que lo cautivó de inmediato.

Ahora que hacía una retrospección de lo ocurrido, se castigó con un rigor innecesario, pues pensó que una mujer que se muestra amable con todos los que entran a su oficina, porque de eso depende su salario; es igual a una mujer que muestra amor de mentiras a los clientes que entran a su negocio, porque de eso depende su sustento. En fin, Esteban, desde el primer momento supo que Angélica era una puta. Pero como todos los hombres cuando no quieren sino creerse las mentiras que les dicen, no hacen sino buscar argumentos mentales para justificar las explicaciones tontas y sin sustento, a pesar que cómo le pasó en su caso, no sólo le contaban que Angélica salía con otros hombres, sino que uno de ellos cuando lo vio enamorado, le confesó que la noche que lo había dejado esperando en una fuente de soda donde se habían citado, era porque estaban los dos haciendo el amor.

Y así había sido siempre, cuando le llegaban rumores de sus malas andanzas, ella con sus dotes histriónicas, siempre se las arreglaba para decir que eran mentiras, que “como me tienen envidia, se inventan cosas para hacernos pelear”, que cada uno de esos hombres, lo que querían era tener algo con ella, pero que como no les había puesto cuidado, se inventaban chismes, para dañar su honra y su buena reputación y Esteban como lo único que quería era creerle, le creía y aunque siempre le quedaban dudas en su corazón, terminaba por engañar a su consiente, porque en su subconsciente siempre supo que ella lo engañaba, llegando por fin a cuasiformalizar una relación con ella, la cual terminó por dañar entre otras muchas cosas de su vida, la relación con sus jefes, con sus compañeros y hasta con sus subalternos –porque Angélica salía con algunos de ellos- y hacer que su presencia fuera incómoda en la petrolera donde fungía como ingeniero.

Ahora que estaba sentado en su cama, comenzó a buscar en sus recuerdos, dónde había comenzado su error y tal y como sucedía reiterativamente en los últimos días, se venían a su cabeza los versículos bíblicos que había aprendido cuando era niño y que resumían de una manera aproximada, cada uno de los desaciertos que había alcanzado, para llegar a la situación en la que se encontraba. Por ejemplo, “dejarás a padre y madre, conocerás mujer y juntos serán una sola carne”, por lo que pensaba que cuando se había acostado la primera vez con Angélica, el hecho de haberse vuelto “una sola carne” con ella, había traído como consecuencia, que a pesar de todas sus dudas y de todas las evidencias, él se hubiera lanzado como una animal hambriento, a sostener una relación con una persona que en los últimos 4 años, se había hecho 3 abortos ilegales, por lo cual –y así argumentaba la mente de Esteban- el “espíritu fuerte” que la ataba –al sexo, a la promiscuidad, a la rumba, al abandono de sus hijos- lo ató también, impidiéndole, a pesar de saber que esa relación estaba acabando con su vida, a tomar la decisión de no terminarla en contra de todas las razones lógicas.

Otro de los versículos que taladraban su cabeza, era el que personalmente Jesús le había dicho a los fariseos: “de cierto, de cierto os digo que cualquiera que vea con deseo a una mujer, ya adulteró con ella en su corazón”, y era que Esteban, nunca se cuidó de no ver con deseo a las mujeres que se atravesaban en su camino, para él, todas ellas eran caza permitida y él estaba permanentemente en campaña, por eso cuando Angélica se interpuso, en un instante, se la imaginó desnuda y se vio con ella haciendo el amor, por lo que sin más análisis, decidió que sería su próxima conquista, sin haberse imaginado que en últimas, el conquistado sería él, por lo que si lograba salir con vida del mar de lodo y putrefacción, en el cual ni siquiera nadaba, sino que tan solo luchaba por seguir sobreviviendo, ya había hecho el firme propósito de cuidar sus ojos y su corazón, para no andar mirando con deseo (desnudándolas y creando una escena erótica con ella, (en la cual él era el personaje principal, por supuesto) a todas las mujeres que conocía, de hecho, cuando había nacido Sofía, su hija menor, se había percatado que no era de hombres, andar imaginándose desnudas a todas las mujeres, porque ellas eran las madres de alguien, las hijas de alguien, las hermanas de alguien o las esposas de alguien y si ese alguien tuviera el mismo sentimiento que él hacia Sofía, lo más seguro sería que ya no existiera, por haber caído bajo la ira de una persona que pensaba proteger la inocencia de una niña, para que experimentara una existencia feliz, al lado de un hombre que verdaderamente la amara y no sólo que se la quisiera llevar a la cama.

En ese instante, también se acordó del mandamiento bíblico que decía: “No fornicarás” y aunque siempre lo había comparado (para su beneficio) con otro versículo que aprendió en su niñez que dice: “Todo te es lícito, más no todo te conviene”, en su mente aducía que si el apóstol Pablo había dicho “Todo te es lícito” era porque la fornicación, en últimas, no era un pecado y simplemente sus dotes de macho alfa al mando de una manada de hembras ansiosas, las podría seguir ejerciendo pasando por encima de lo que Dios había ordenado, sin más daño que un poco de tedio y mucha satisfacción en su memoria corporal; sin embargo ahora entendía que cuando el Señor daba un mandamiento, no era por hacer rabiar al hombre, sino porque el principal objetivo de los mandamientos divinos, era la protección de la raza humana, debido a que si todos los hombres y mujeres se dedicaran a tener sexo unos con otros sin control, cuánto tiempo más duraría el hombre poblando la tierra, teniendo en cuenta pandemias antiguas como la sífilis o nuevas como el sida y para la muestra un botón, desde que Esteban se había acostado por primera vez con Angélica, le habían aparecido en su orden dos crestas de gallo, una gonorrea y una clamidia y ante los reclamos airados, siempre encontró una cara compungida, unos ojos llorosos y un rechazo tal, que en los cuatro casos, terminó pidiéndole perdón, por haber dudado y haber mancillado su honra, haciéndola culpable de tan horrendos señalamientos.

Pero todo había cambiado desde el viernes pasado, cuando después de haber pasado por la oficina de personal entregando el paz y salvo, para poder cobrar la liquidación que le correspondía por más de 10 años de servicios abnegados y sufridos en los diferentes pozos petroleros del departamento y teniendo en cuenta que su relación con Angélica se había tornado tan pesada en la compañía, que después de haberla despedido a ella, para así quitarse un problema de encima y de haber intentado hasta último minuto sostenerlo a él, el alto mando de la  empresa había tomado la decisión de rescindirle su contrato, debido a las continuas faltas en el servicio como ingeniero de la organización y a las continuas quejas de sus superiores, compañeros y subalternos, por los reclamos e insultos que él les hacía, con relación a un supuesto acoso de ellos hacía Angélica; por lo que después del último adiós que le brindaron de manera sobria, rápida y sin cargos de conciencia, viajó hasta su apartamento a darle la sorpresa que por fin iban a poder vivir juntos sin estorbos y sin ausencias tan largas, sin pensar que el sorprendido iba a ser él, cuando al abrir la puerta la encontró desnuda haciendo el amor con un ex compañero, por lo que todo su mundo idílico, imaginario y quimérico se le vino abajo de un solo golpe y la cruda realidad de haber dejado atrás a Margarita, su esposa, a Julián y Sofía, sus hijos, su trabajo, su casa y hasta el 50% de sus cesantías, las cuales Margarita había embargado, para garantizar los alimentos de sus menores hijos, por ella, no había valido la pena.

Como tampoco valió la pena la paliza que le asestó a Angélica, la cual estaba milimétricamente matizada con una ira ciega, multiplicada n-veces por cada mentira creída, pero por fin sacadas a la luz de la verdad en toda su cruel dimensión ese día; y no por que no se lo mereciera, pues tal y como lo revelaba el libro de Samuel en la Biblia en el pasaje cuando el profeta Natán, encara al rey David y le increpa la muerte de Urías heteo, el adulterio con Betsabé y el engaño a todo el pueblo de Israel, por lo cual recibió el dudoso honor de ser merecedor de una maldición emitida por el mismísimo Dios de los cielos, sino porque acababa de darse cuenta a la lectura del letrero de “se arrienda habitación para persona sola”, que la porquería de vida que le había tocado vivir desde que se fijó en aquella mujer que no era humana, sino una musa diabólica creada para perder a los que en ella se fijaran, le iba a hacerle rogar para obtener su perdón y comiéndose el asco que le causaba su propia debilidad, intentar rehacer su sórdido noviazgo, porque se había dado cuenta que no podría vivir sólo, ni en esa habitación, ni en ninguna otra del mundo entero, aunque también rondaba por su cabeza, el último recurso que se imaginó, cuando leyó la noticia ese día de la condena del coronel ® Aldana, el cual, pensaba él, sin lugar a dudas, había asesinado y desmembrado a su esposa o porque la había encontrado haciendo el amor con un ex compañero o porque se había cansado de sus constantes mentiras y justificaciones, cuando se daba cuenta que por su culpa, toda su vida policial se estaba yendo al inodoro.

Sin embargo, lo que no previeron ni Esteban, ni Aldana, es que en últimas la culpa nunca recaía en la mujer, por lo tanto no se les podría achacar a ellas sus cuitas, porque el último versículo, el que debieron haber tenido en la cabeza y el que sin duda olvidaron, como un olvido quizás parecido al de la muerte es el que dice: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.  Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”.

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