BUENAVISTA
Por: JOSE TIBERIO SERRANO ARIAS
TISA
Buenavista es lo que en Colombia
se denomina “un alto”, queda a hora y media de la ciudad capital, Bogotá y a
escasos 30 minutos del casco urbano de la ciudad de Villavicencio, capital del
departamento del Meta y puerta de la región denominada “Llanos Orientales”. Los
“altos” en Colombia, son las puntas más empinadas de las montañas, cuya
característica predominante es que parados en algún punto estratégico de ellos,
se puede ver una panorámica general de la región y Buenavista no es la excepción.
Cualquier persona reconocería a
Buenavista, no sólo porque es otro piso térmico, en el que las personas que
viven en Villavicencio y añoran Bogotá, pueden recordar el clima frío de la
capital del país, sino por su vegetación de árboles frondosos, cedros, caraños,
yarumos y caimos, que emanan aromas dulces e intensos y hacen pensar a los que
descansan allí, que se encuentran en uno de los tantos bosques con lo que
cuenta la Orinoquía Colombiana. Buenavista también es música, se pueden ver los
chupaflores, los cubiros, las mirlas que con sus suaves trinos entonan
sinfonías de poesías perfectas; mientras que por otro lado, los toches, los
turpiales y los azulejos, con sus voces de cadencias diferentes, construyen
piezas musicales que se pueden comparar con las oberturas de las más afamadas
operas.
A lado y lado del bosque húmedo
tropical que engalana a Buenavista, cualquier turista desprevenido podría
llegar a confundirla con una de las tantas mujeres llaneras que como una musa
mitológica, enamora y embruja a los que la visitan, primero con sus atavíos
naturales: flores, plantas, árboles, aves y mamíferos y después con los
cánticos mitológicos de la fauna que en ella vive, que como guardianes del
edén, le dan la bienvenida a los visitantes y les recuerda que aquí en la
tierra, también se puede disfrutar de las maravillas que están reservadas para
los que se ganen un lugar en el cielo, al otro lado de la eternidad.
Buenavista no gusta: embriaga.
Embriaga con su olor, embriaga con sus colores, embriaga con sus sonidos; por
ello será que los amantes furtivos, suben desde Villavicencio a desbordar las
pasiones que sus corazones no pueden soportar; cada día, en Buenavista, se
interpreta una sinfonía de ímpetu y fogosidad, en la cual se confunden en uno,
los abrazos que como sublimación del amor, se prodigan las ardientes parejas y
el mimo que este rincón de la naturaleza, regala a los que suben a extasiarse
en ella.

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