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Los seres humanos nos diferenciamos de los animales, por nuestra capacidad de crear. Somos creadores por naturaleza y esa capacidad es la "imagen y semejanza" que nos víncula con Dios. Hay muchas formas de crear, unos componen música, otros dibujan y otros más escribimos cuentos. Cada personaje de un cuento, es como un hijo parido en el altar de la técnica, lo dibujamos y en éste dibujo, le asignasmos rasgos físicos y sicológicos, les damos una edad, una forma de caminar y unas características especiales en su forma de hablar. Es, un poco, la misma labor que realiza Dios, porque cada personaje es como un sueño que el Creador sueña, para por medio de éste darles vida.

lunes, 7 de marzo de 2016

La Pelusilla



LA PELUSILLA

Por: José Tiberio Serrano Arias

TISA

Wilson se acostó como a las 02:00 de la mañana, pero antes de alzar la sábana, prefirió  ir hasta la habitación de Ana María, alzarla y llevársela a la cama matrimonial, en la que estaba Gloria, quién cansada y con sueño, se había acostado hacía por lo menos dos horas.

Cuando Wilson estaba acostando a la niña, Gloria abrió los ojos y frunciendo el ceño, le increpó:

-       ¿Otra vez?, ¡no sea tan alcahueta!, ¡acuérdese que habíamos quedado en que si no se despertaba, no se iba a acostar más aquí!, con tantas patadas y tan mal dormir, no puedo conciliar el sueño.

Wilson, agachó la cabeza y sin saber que responder, le insistió: -Amorcito, como estamos cansados, es preferible acostarla de una vez aquí, con eso no tenemos que levantarnos después cuando se ponga a llorar. Es para descansar más.

-Claro, cuando se trata de buscar excusas, usted siempre las encuentra. Pero si Ana ya lleva 8 días durmiendo en su cuarto, usted la trae hoy y vamos a perder todo el terreno ganado, vaya y acuéstela en su cuarto, antes que se despierte.

Cómo si se hubiera tratado de un mal augurio, en ese momento Ana María se despertó y comenzó a lloriquear, diciendo en su media lengua:

-       Me quelo, acostal aquí”.

Fue como si el mismísimo Arcángel Gabriel hubiera venido en ayuda de Wilson; pero no como le ocurrió a Daniel, que se demoró 21 días mientras luchaba con el príncipe de Persia que se le opuso desde el primer momento, sino de inmediato, porque justo en ése instante, a Wilson se le estaban acabando los argumentos y como sucedía siempre que su mujer lo regañaba, terminaba cediendo para evitar un confrontación.

Sin embargo, esa noche, el connato de pataleta que estaba en ciernes con Ana María, terminó por convencer a Gloria y refunfuñando, se volteó, se tapó la cabeza con la sábana y sacando el trasero ostensiblemente, murmuró:

-                     La una bien consentida y el otro bien alcahueta, ¡ahora si me jodí, Bendito Dios!

Sin embargo Wilson, esa noche, no era que quisiera alcahuetearle a Ana María su pataleta, su aprehensión era por el temor que le generó el haber recibido a Mauricio en su casa y haberlo invitado a dormir, aunado a lo que le había sucedido el día anterior,  con respecto a la noticia que colmaba los titulares de prensa por esos días: el asesinato del niño Santiago de Soacha, ordenado por su propio padre.

Todo el embrollo había comenzado unos meses antes, cuando a través de las redes sociales Mauricio había encontrado a Wilson y se había re-establecido una amistad que había surgido más de 25 años antes, cuando los dos cursaban cuarto o quinto de bachillerato y eran re-parceros, tal y como se tildan los muchachos de hoy.

Para Wilson, hombre de pocos amigos, mucho trabajo y muchísima familia, había sido como un fin de semana de buceo en San Andrés islas. Se había ilusionado realmente con la posibilidad de un re-encuentro y esperaba con ansías el viaje, muchas veces planeado, pero otras tantas aplazado de Mauricio, el cual siempre aducía razones de trabajo.

Por eso, cuando ese viernes, por fin Mauro viajó a Villavicencio a cerrar un negocio y Wilson lo esperó en la Universidad en la cual dictaba clase, fue cómo cuando un niño recibe el tan anhelado juguete, de hecho hasta Mauricio, participó en la última clase que Wilson impartía en la universidad, por que éste se las ingeniaba para encontrar la manera de involucrar a todas las personas que lo rodeaban, en sus quehaceres diarios.

Sin embargo, comenzó a sentirse incómodo con la visita, cuando al momento de regresar a su casa, Mauricio empezó a insistirle que le dejara manejar el carro. Cualquiera que conociera a Wilson, sabría que nadie que no fuera Gloria o sus dos hijos, podría subirse en el puesto de conductor. De hecho internamente sufría, cuando ella viajaba a Bogotá a visitar a su mamá, porque sabía que Andrés, su hermano, era literalmente un “estómago” para los vehículos que cogía: es decir los volvía mierda.

Por eso le extrañaba y le incomodaba que Mauricio le insistiera que lo dejara manejar, comenzó, como era su costumbre, a inventarse mil excusas, para no dirigir un “no” rotundo a las expectativas que tenía su amigo de darse una palomita en carro ajeno; sin embargo, otra cosa que le incomodó mucho, es que Mauro no entendiera las indirectas que se inventaba, para impedir soltar las llaves.

Cuando llegaron a su casa, estaba decidido a olvidar su momentánea incomodidad y a disfrutar el reencuentro, por lo cual sacó una botella de Whisky que guardaba para una ocasión especial, recordándole a Mauricio las no pocas veces que se habían emborrachado juntos cuando eran casi niños, tomando hasta vino revuelto con jugo de papa cruda, lo cual no causa borrachera, sino intoxicación, porque el tubérculo crudo tiene ácido cianhídrico (es decir cianuro), el cual se neutraliza cuando éste es cocinado.

Sin embargo Mauricio estaba renuente a aceptar el licor y fue él el del turno de comenzar a sacar excusas para no ingerir la bebida. Que tenía que trabajar, que tenía que viajar temprano, que tenía unas máquinas dañadas en la empresa, que fue qué, que fue que…; pero al fin como le ocurre a casi todos los policías cuando le están ofreciendo una extorsión en la patria del sagrado corazón; terminó diciendo que sí, pero que iba a tomar muy poco.

Con el calor de los tragos comenzaron el relato de actualización de sus vidas, sin embargo Wilson notó que su amigo sólo contaba episodios tristes que le habían ocurrido a él y a su familia, algunos tan espeluznantes como el día que lo habían sacado con policía de una IPS, porque él se había metido camuflado con su hijo mayor, que a la sazón contaba con 16 años, a ofrecer los llaveros que fabricaba en el modesto negocio familiar del cual él y su familia subsistían; o cuando había sido atropellado por una camioneta lujosa que estaba parada en un trancón en la vía Melgar-Bogotá, porque él se había acercado furtivamente a ofrecer los cachivaches que llevaba en su maletín y el conductor sin percatarse de su presencia, había arrancado a toda, para adelantar a los camiones que tenía adelante.

Toda la charla fue así. Wilson que nunca tomaba, pero que cuándo lo hacía, quería divertirse al máximo, casi se atraganta con los hielos, porque de escuchar tanta miseria o de lo fuerte que encontró el Whisky, se le comenzó a inflamar la garganta, por lo cual con cada trago que pasaba, sentía cómo si un gato estuviera con sus garras, enredado en una cortina y quisiera llegar al piso sin poderlo lograr.

En un momento determinado, Mauro le insistió a su anfitrión, que lo acompañara a fumarse un cigarrillo, éste salió con él hasta la piscina del conjunto y ante la negativa de si tenía o no un cigarro, se asombró de ver que en su desespero, levantaba una colilla apagada que divisó en el camino y le pidió fuego a un vecino que vivía en el mismo conjunto y que iba caminando en sentido contrario. Wilson, sintió la culpa del pecado ajeno, pero fiel a sus principios lo acompañó hasta que decidió volver a la casa a seguir contando los percances que su miserable vida le había endilgado, por que como dijo un autor, había nacido siendo un hijo de perra  y tendría que morir siendo un hijo de perra.

Cuando regresaron, ya Gloria y Ana María se habían acostado rendidas por el cansancio y sin duda hastiadas de escuchar tan tristes eventos, mientras que  él quería desprenderse de esa perotata que se estaba teniendo que aguantar, pero sin mucho éxito, por los torpes intentos que hacía, porque al mejor estilo de una tragedia del siglo XVII, la desdicha, así como la borrachera de Mauro iba “in crescendo”, por lo cual se levantó decidido a no utilizar eufemismos o indirectas, y aprovechando que se había acabado la botella, dijo:

-                     Hermano, usted y yo tenemos que madrugar, yo le insistí para que tomara, cuando no quería, así que nos acostamos porque no quiero que tenga problemas por mí.

Asombrosamente Mauricio, puso cara de desconsuelo, pero como la orden era perentoria y no dejaba lugar a equívocos, no hubo más remedio que cumplirla, no sin antes: “fumarme un cigarrillito, por lo que voy a dar una vueltica por la piscina”

Wilson, no se acostó inmediatamente, hizo la pereza, como quién no quiere la cosa. Y cuando decidió dar una vuelta por donde había visto desaparecer a Mauricio, casi entra en un paro cardíaco, cuando observó cómo su amigo estaba armando un barillo de marihuana. Este, sorprendido, pero sin vergüenza le confesó:

-                     “Hermano que quería, es la pelusilla, porque yo fui mariguanero y bazuquero hasta hace siete años, ya estoy seco, pero cada vez que tomo trago me entra la tentación”.

Con un escalofrío, justo en ese momento Wilson se acordó de Martha Lucía Garzón, que frente a los micrófonos y con absoluta desfachatez, confesó que ella y su amante Orlando Ovalle, habían aceptado el encargo de secuestrar y desaparecer a Luis Santiago, el niño de 11 meses de Soacha, por las mismas razones que hoy esgrimía Mauricio.


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